sábado, 2 de septiembre de 2017

La carroza - Dolores González Opazo


 dedicado a Daniel y Laurita 


                            El hombre había caminado ya muchas horas bajo una lluvia infernal y ansiaba desesperadamente beber un par de sorbos de café calentito, si hasta parecía sentirlo bajar por el guerguero y llegar tibiecito a las tripas peladas y heladas, luego, fumarme un cigarrillo lentamente y  recostarse en una blanda cama …y dormir y dormir por muchas horas. 
                          

                             Sin embargo por más que intentaba no lograba llegar a ningún destino, las ultimas casas que había logrado ver entre la densa cortina de agua, las había dejado atrás hace muchísimo rato. La oscuridad era total y absoluta. Sólo escuchaba el ruido del agua caer sobre su propia cara, sobre todo su cuerpo en forma casi despiadada, repentinamente un ruido ensordecedor rompe la oscura noche y un relámpago gigante ilumina la carretera, ve a lo lejos el brillo de un vehículo detenido.

-Por fin - se dice y acelera el paso para llegar ahí, donde tal vez se encuentre alguien que le permitirá guarecerse  de este intenso temporal aunque sea por un par de horas.
- Ojalá tengan un espacio para mí – dice en voz alta- un buen cristiano siempre apoya a otro en desgracia – se repite
                            Medio a tentones, chapoteando en el agua y tratando de ver por entre las pestañas y su cara mojada logra llegar al vehículo,  él que solo ve a momentos cuando lo ilumina algún rayo ,golpea suavemente pero no se escucha rumor alguno, nadie responde a los golpes . El hombre decide llamar
       - Hola ¿hay alguien adentro ?- Nada no hay respuesta alguna.
                             El frío ya le tiene entumecidos los hombros y el cuello, por lo tanto decide probar abriendo una de las puertas, tira de la manija y con tanta suerte que esta se abre de inmediato, siente el aire tibiecito del vehículo en el interior y un aroma a hierba fragante como jardín florido.
      - Alooo perdón pero debo entrar, no molestare solo quiero que amaine un poco el temporal – dice en voz alta por si hubiera alguien en el interior.
       Se da cuenta que el vehículo está solitario, seguro alguien tuvo la misma mala suerte de el quedando en pana y debiendo dejarlo abandonado pero de inmediato una voz suave y lenta le responde.

- Acomódese nomás amigo, aquí cabemos los dos
- ¿Y usted se quedó también en panna?– pregunta el hombre aterido de frio
- Sí, mi compañero salió en busca de ayuda pero no logro regresar a tiempo- le responde la voz desde la oscuridad ,que luego de una pausa agrega- pero tranquilo es buena persona el hombre y no le molestara su presencia si vuelve.
                     
                   Como puede se saca la mojada parka, que felizmente es tan gruesa que no alcanzó a mojar su espalda ni sus brazos totalmente, la deja sobre el respaldo del asiento del acompañante y nota en la oscuridad, que sobre él se encuentra algo así como una gruesa frazada o un chal quizás, lo toma y se cubre con él, se saca los zapatos mojados y se acurruca en el asiento de la mejor forma posible.

                     Afuera el temporal está en su máximo apogeo, el viento azota el vehículo con fuerza, llegando incluso a instantes que el siente que se mueve violentamente. Atrás con el movimiento del viento la carga que lleva el vehículo parece correrse de punta a punta, siente el movimiento de algo pesado.

- Chuatas – se dice – Ojalá que no me salgan después con que se perdió algo aquí-

En eso el viento embravecido parece atacar con mayor ímpetu, el hombre se alegra en parte de estar algo protegido, preocupado eso si de lo que deberá decirle al conductor del vehículo, si por alguna razón lo sorprende antes que acabe la tormenta. A lo lejos la luz potente de un rayo enrojecido lo distrae por momentos.
Su compañero es de pocas palabras, pero igual le entabla una pequeña conversación.
-Mire mi amigo estire su mano y tantee la guantera ahí hay una pequeña petaquita que, lleva mi compadre pa estos viajes largos, tómese un par de sorbos no vaiga a ser que se resfríe.
-¿Y no se enojará el caballero? -Pregunta el hombre algo temeroso.
-Que va a enojarse si es re buena persona, dele nomás- responde la voz desde el asiento de atrás.
-¿Y usted es de por aquí? -pregunta por decir algo
-Si un poco más allá, ando un poco enfermo , por eso preferí no acompañarlo , pero ya me estoy recuperando - responde la voz.
-Yo voy camino a la ciudad por razones de trabajo y usted como se llama señor.
-Manuel de Jesús Muñoz Salgado pues pa servirle.
-Güeno ¿y aquí esta hace hartas horas usted? con tanto tronar y tantísima agua.
-No tranquilo si ya estoy descansando de mi problema , me caí del caballo hace dos días y pare que me anduve rompiendo un par de costillas por eso no pueo moverme  mucho.
-Anda la cosa amigo , la saco baratita eso si.
-Si toy bien cómodo-

 El hombre pensaba, en lo dolorosa de la lesión del pobre huaso, y más encima con el frio no debía de ser na de bueno. En eso está pensando, cierra los ojos agotado y se queda dormido. El sonido del agua y las ráfagas de brioso viento, le adormecen. Un golpe violento en el costado del vehículo lo despierta, aun se tambalea cuando siente una gran ráfaga de viento y agua que le abre violentamente la puerta, como puede se estira y la toca en la oscuridad, la cierra y nota que algo, como un bulto grande cayó en la parte del asiento trasero, y que con cada movimiento parece moverse de aquí para allá, provocando un golpe algo monótono.  Vuelve a dormirse y entre su sueño escucha el golpeteo incesante en la parte de atrás.
Ya pasadas las horas la fuerza del temporal comienza a perder algo de fuerza, aunque el viento y la lluvia no parecen querer detenerse, la poca visibilidad comienza a abrirse paso entre la oscuridad.

-Debe estar amaneciendo – dice el hombre- apenas aclare un poco creo que debo partir, no sea que llegue el amigo de este caballero y le moleste mi presencia- se dice aun con los ojos cerrados.

      Su compañero aun no despierta, se durmió antes que él, pero los vidrios empañado del vehículo, le dicen que hay algo de tibieza adentro. Vuelve a cerrar los ojos y se queda traspuesto unos momentos, lo suficientes para que se haga algo de luz dentro del automóvil. No se ve mucho pero él decide emprender su camino ya más seco y descansado.
-Amigazo es hora de que yo parta – dice

Nadie le responde, “está dormido" dice  “mejor me voy sin ruido” y parte camino del primer pueblo que encuentre.
Antes de partir piensa en arropar al buen hombre, pero decide irse ya que no siente movimiento alguno “pobre cristiano medio suelazo” se dice.
Sale aun llueve con algo menos de intensidad, pero el viento de repente parece que lo fuera a volar. De repente ve unos focos a lo lejos en medio de la lluvia, una camioneta avanza apenas por el lodazal dando tumbos.
          -Pa onde marcha el amigo – dice una voz desde adentro.
          -Camino al primer pueblo, quede en panna ayer en la tarde y he caminado muchazo dice.
-Y aonde paso la noche amigazo – dice el conductor del vehículo.
           - Por aquí cerca- responde no queriendo decir que estuvo de intruso en un auto, algo mas allá.
           - Bueno si gusta yo voy en busca de algo, por aquí cerca nomás, lo llevo-
           -Bueno estaría pues- dice pensando en que ni siquiera sabe dónde queda el pueblo.
 -Se acomoda lo mejor que puede, en el tibio vehículo
            -Está buena esta camionetita – dice
           -Si normalmente no la saco con este tiempo, quero que me dure hartos años más – responde el conductor- pero usted sabe a veces salen imprevistos como ahora-
- Ah y usted hace algún trabajito con ella-
- Si tengo un pequeño negocito y ahí le doy uso a veces-
- Cómo es eso, o sea no siempre la usa-
- A veces responde el hombre – luego agrega - por aquí con caminos malos mejor la más vieja es más firme-
El hombre queda en silencio por algunos momentos y luego pregunta:
- Y dígame ¿vamos muy lejos ?
- No si ya llegamos esta peguita hay que hacerla hoy ya no queda más tiempo, además hay gente que me espera
- Y¿en que trabaja usted mi amigo?
- Naa yo soy funerario y sepulturero amigo mío, el único en estos lugares. Anoche venia trasladando un finaito y me maldije en un hoyo mal parao, rompí el eje de la camioneta, así es que partí en busca de esta nomás.
- Bueno y el finao ¿que pasó con él?
- Que iba a pasar púes ahí se quedó nomás,  total no iba a ir pa ningún lugar, si estaba bien muertito
El hombre guardó silencio mientras el funerario hablaba y hablaba de su pega, de esos lugares algo tenebrosos y de todo cuanto se le ocurría, sin preocuparse de que su compañero respondiera.
De repente interrumpe la conversación .
- Meh ahí esta nomás pues – grita alborotado
- Ah qué buena dice el hombre –pensando en que por fin llega el final de su aventura y, divisando a lo lejos una camioneta tipo stagion, de esas típicas funerarias
- Mire y está tal  como la deje vamos ver- dice riendo- si el Mañungo no se ha ido
- Le ayudo amigo
-Si voy a necesitare una manito socio, pero quédese aquí no más yo le aviso
El hombre se acomoda en el tibio vehículo, mirando atentamente el trabajo del funerario, de repente piensa “y donde estaba esta carroza que yo no la vi  cuando pasé”. “Bueno era tanta el agua que seguramente del cielo bajaron para guarecerla por ahí”  se dijo  a sí mismo. En eso está pensando cuando escucha la voz que le grita:
- Hey amigo “venga a echarme una manito” grita bajo el ruido del agua el sepulturero, ensopado hasta los huesos
          - Ya dígame en que le sirvo
- Agarre de la cola  el cajón, está harto pesao, era grandazo este hombre
Trasladan el féretro a la camioneta, y unas cuantas canastillas de flores y el funerario saca algunas cosas del vehículo, mientras él vuelve a acomodarse dentro.  Lo ve como abre la guantera y saca desde dentro una pequeña petaca que algo le recuerda.
Se sube sobándose las manos, abre la petaca y se la ofrece .
- Tómese un buen trago amigo, esto le aliviará del remojón, mientras llegamos al pueblo y sepultamos a este finao de una buena vez .
- Ya poh, haber si consigo ayuda pa mi vehículo también – dice mandándose un buen trago, que corre calentito guerguero abajo y siente como sus tripas se calientan rapidito.
-Yyyy ahí lo llevo después porque tamien soy taxista- dice el sepulturero con una buena carcajada.
Algo pensativo y por decir algo el hombre pregunta:
-Y dígame amigo que fue lo que le pasó a este finaito
-Chuuuu este finaito murió re mal amigo, se cayó del pingo que montaba- responde
- ¿Verdá?- dijo preocupado ¿y cómo se llamaba ?
- Manuel de Jesús Muñoz Salgado
Un zapatazo de terror le sacudió su helado corazón, un sudor frio le corrió por la espalda y noto que ya no había aire pa respirar , mientras abría tamaño de grande sus ojos , el hombre sin entender bien como pero se dio cuenta que  ….de que había pasado la noche con el finao…

(c) Dolores González Opazo
Santiago de Chile 

Dolores González Opazo es chilena, nacida en Villa Alegre pintoresco pueblo de la séptima región, lugar donde conviven estrechamente viñedos y naranjos. Tierra linda, que impregnó en ella el amor por el campo y sus costumbres. Su gusto por la escritura es desde siempre y escribe sobre las costumbres , tradiciones , cuentos y leyendas de su tierra. En el año 2015 Revista Archivos del sur publicó su cuento " Chicha de manzana " y en el mismo año ganó el concurso "Líneas de vida " con el cuento " Natalia historia de una desconocida ". En el año 2016 Revista Archivos del sur publicó el cuento " El velorio del angelito". Trabaja como bibliotecaria, además de hacer lo que más le gusta escribir. Entre libros se siente a gusto y goza con cada letra que llega a sus manos. Casada con 2 hijos y una nieta a quienes ha inculcado el amor por su tierra, las letras, el cuento y la poesía. Radica actualmente en Santiago de Chile. 










2 comentarios:

MARIA CECILIA ACUÑA dijo...

Excelente publicación.Que buena historia felicitaciones

Enver Figueroa dijo...

Supuse que el hombre vajo la lluvia era el finado.