martes, 12 de septiembre de 2017

Los 17 segundos que estremecieron al mundo* -Reinaldo Edmundo Marchant



Reinaldo Edmundo Marchant 

Aquel fue un golpe de mula memorable que quedó registrado en la historia universal del boxeo como uno de los más notables que ha percutido un púgil. Los miles de aficionados que colmaban el recinto, se levantaron atónitos de sus asientos cuando vieron cómo el proverbial Campeón Jack Dempsey salió disparado entre las cuerdas y cayó fuera del ring, mientras su contendor Luis Ángel Firpo daba por terminaba la pelea por nocaut.
Los célebres instantes conmovieron a la afición de todo el mundo. La probable derrota estaba poniendo lápida a la maravillosa carrera pugilística de “El Matador de Manassa”, uno de los mayores representantes de la categoría máxima en más de un siglo.
Sin embargo, una tramposa decisión técnica le impidió a Firpo convertirse en Campeón Mundial de los Pesos Pesados aquel 14 de septiembre de 1923, luego de un combate dramático que duró apenas dos rounds, registró nueve caídas, y lanzó fuera del cuadrilátero, con un violento martillazo al mentón, a un Dempsey totalmente lastimado, aturdido, el cual con la complicidad del árbitro y socorrido por el público regresó al tinglado 17 segundos después, permitiendo su recuperación y así noquear en el asalto siguiente al indomable oponente argentino que lo hizo volar.
Aquellos 17 segundos, además, quizás fueron los más artísticos, líricos, musicales, escénicos, comentados y dramáticos del siglo XX. En ese infinitesimal tiempo se sucedieron las estaciones del día y la noche, el paso de los meses y los años, la hazaña y heroísmo de una derrota que se recordará por siempre:
-Las personas de primera fila ayudaron a Dempsey para que volviera al ring- recordaría después el boxeador argentino-. La muchedumbre no deseaba que un sudamericano se llevara el título... Dempsey me dijo posteriormente que estaba tan groggy que no sabía lo que estaba pasando; yo pensé que la pelea había terminado.
Y agregó, a modo de detalle y sin soberbia: “Lo alcancé primero con una izquierda, que los fanáticos llaman “patada de mula”. Dempsey pasó por encima de las cuerdas y cayó en la primera fila. La muchedumbre saltó de celos y el estadio crujió”.
Ese lapso minúsculo y heroico quedó grabado a fuego en la memoria de la humanidad y del deporte de los puños, a la manera de un verso que sale de un cancionero para morar en la imaginación de todas las generaciones venideras:
- Lo único que recuerdo es el griterío de la gente y mi afán por coger la cuerda inferior del cuadrilátero, mientras la impresionante estampa de Firpo se perfilaba contra las luces- describiría la épica escena el mismo Jack Dempsey.
El extraordinario Campeón debió perder reglamentariamente ese pleito.
La parcial desaplicación arbitral de Johnny Gallagher se lo impidió, y esperó su vuelta al encordado como un padre aguardaría serenamente el regreso de su hijo pródigo.
Para aplacar la injusticia, semanas después fue suspendido de su calidad de juez y abandonado por los patriarcas del boxeo: terminó por suicidarse en circunstancias jamás esclarecidas.
Una vez finalizada la contienda, el que menos celebró fue Dempsey. Se notaba en su rostro la incomodidad, el fastidio, la pública vergüenza y la humillación.
Sabía que vendrían días de escarnios. De sátiras humorísticas por su ampulosa caída y de críticas por la descarada colaboración que lo benefició.
No se cansó de saludar y reconocer en su oponente la hidalguía que no había presenciado en otros púgiles.
- Cuando acabó la lucha, en mi cabina, mientras limpiaba la sangre de un ojo, sentí una lágrima en el otro... Es la única lágrima que he derramado desde que me hice hombre- señaló Firpo.
Jack Dempsey mantuvo viva en el corazón esa trompada que lo hizo volar y los flashes fotográficos que lo inmortalizaron desparramado, con la cabeza en dirección al piso, las piernas colgando torpemente entre las cuerdas y, sobre todo, retenía en los oídos la exclamación de la multitud, que no podía creer que su Campeón favorito, de piel blanca, invencible, fuera impulsado hasta las rodillas y las máquinas de los reporteros por una potente mano que jamás olvidaría:
- Los golpes de Firpo fueron los más duros que recibí en mi vida –fue capaz de reconocer ante la prensa.
Acto seguido, añadió. “Mis recuerdos de la pelea son imprecisos. Combatí sumido en una bruma. Peleaba defensivamente. Me parecía que el cuadrilátero estaba lleno de “Firpos” y que el aire estaba colmado de guantes...”.
Luis Ángel Firpo, un varón imponente, de modales tranquilos y rodeados de un aire provinciano, contestó genialmente a esa afirmación del Campeón:
-Dempsey dice que veía muchos “Firpos” en el ring, pero yo quisiera saber cómo era yo el único a quien le pegaba...
La bravura del argentino le valió el apodo de “El toro salvaje de las pampas”. El Gráfico escribió: “Nunca un triunfo nacional llenó de tanto orgullo a los argentinos como aquella derrota”.
En efecto, previo a esa pelea, él se fracturó el brazo izquierdo, que mantuvo dolorido, hinchado, bajo el cuidado de unas vendas, las cuales se quitó horas antes de la trascendental pelea. Quería dar batalla aún en desventaja y no perder la posibilidad de conseguir la primera corona mundial para su país.
El match fue rotulado como “La pelea del siglo”.
Entre las ochenta mil personas que asistieron, estaba el Presidente Theodore Roosevelt y el famoso periodista Joseph Pulitzer, quienes vieron caer a Firpo siete veces y las siete veces levantarse con hambre de gloria, sin importarle que mientras se incorporaba, pegado a su sombra, su rival lo esperaba sin conceder siquiera un instante de descanso natural para continuar la brega: “el segundo round lo recuerdo mejor –indicó Dempsey-. Creí que eso no iba a terminar nunca si Firpo se iba a continuar levantando con idéntica obstinación cada vez que lo derribara... Cuando ya no hubo duda que no se volvería a poner de pie, me sentí un tanto sorprendido que por fin hubiera acabado todo...”, concluyó.
El encuentro entre los dos titanes generó una expectación nunca vista en Argentina, donde el boxeo se hallaba prohibido. La gente siguió los pormenores del pleito a través de la radiodifusión. Cuando Firpo tumbó a Dempsey, y éste no regresó en el conteo establecido de diez segundos, la celebración multitudinaria comenzó a plena algarabía.
Sin embargo, casi de inmediato tomarían razón que el ídolo local perdió por K.O, hecho que desencadenó la furia social y el anhelo de romper relaciones diplomáticas con Estados Unidos por el fraude pugilístico.
En medio del caos que generó la noticia, el locutor de Radio Sud América, asentado en directo en el lugar del combate, haciendo gala de su entendible cólera, vociferó a los cuatro continentes por la estafa y espetó una patriótica frase:
-¡Luis Ángel Firpo, el futuro Campeón Mundial de Todos los Pesos, perdió por nocaut en el segundo round!-. Con esas esperanzadoras palabras tranquilizó la furia de sus partidarios.
Jack Dempsey nunca le otorgaría la revancha. Claramente temía a la fuerza descomunal del nacido en Junín. Lo evitó como lo hacía con varios boxeadores negros, que permanentemente lo desafiaban a exponer su título.
“El Toro Salvaje de las Pampas”, tampoco imaginó que el desenlace del pleito lo convertiría en leyenda y en un ícono deportivo a imitar. Se le considera el Padre del Boxeo Argentino.
Su popularidad de superhombre traspasó fronteras y desencadenó una sucesión de hechos que sólo una hazaña fuera de lo común genera.
Un equipo de fútbol de El Salvador tomó su nombre para rebautizarlo como Luis ángel Firpo. El general Juan Domingo Perón le solicitó sus célebres guantes y recibió la Medalla de la Lealtad Peronista.
Llegaron buenos contratos. Invirtió sus ganancias en negocios rentables. Adquirió una hacienda de setecientas hectáreas en Ameghino, donde pernoctaron los duques de Windsor y de Kent. Abrió locales comerciales en el Barrio Norte y Recoleta, que eran frecuentados diariamente por una florida corriente de simpatizantes. Y, cómo no, compartió veladas con Carlos Gardel, su cantante preferido.
Las autoridades determinaron que, en honor a su combate con Dempsey, se levantara la prohibición de practicar el boxeo en Argentina. Firpo recibió la Licencia Número Uno.
Atrás había quedado aquel debut contra el uruguayo Ángel Rodríguez, que presenció Carlos Gardel (ocasión en que perdió por nocaut) y ese pasado humilde, donde levantaba ladrillos en su tierra natal, sin vislumbrar por entonces un horizonte distante de las necesidades que laceraban.
La fama le llegó acompañada de un bienestar económico, que supo administrar y sostener con especial habilidad.
Su gesta boxística recibió posteriormente el máximo reconocimiento del gobierno de la época, que decretó que cada 14 de septiembre se celebre “El Día del Boxeador”.
Las huellas homéricas de “El Toro Salvaje de las Pampas” siguen vivas, alumbrando el camino valiente de muchísimos Campeones del Mundo que llegarían más tarde para Argentina: levantarían sus manos triunfantes en recuerdo de aquel gigante que comenzó con el sueño de conquistar un cinturón universal en el país del dólar, de la mafia y con todo un estadio en contra.
La historia lo evoca como un boxeador singular, que a base de estoicismo y coraje sacó del ring a uno de los mejores Campeones de los Pesos Pesados de la historia, ante los ojos absortos del mundo y promotores mañosos que no consentirían una derrota innoble de Jack Dempsey, un ídolo mimado de la oligarquía blanca.


(c) Reinaldo Edmundo Marchant
Santiago de Chile

relato autorizado por Reinaldo Edmundo Marchant para su publicación en la revista Archivos del Sur.
*Los 17 segundos que estremecieron al mundo está incluido en el libro de relatos ¡Viva Carnera! publicado por Ediciones Subterranis

sábado, 2 de septiembre de 2017

La carroza - Dolores González Opazo


 dedicado a Daniel y Laurita 


                            El hombre había caminado ya muchas horas bajo una lluvia infernal y ansiaba desesperadamente beber un par de sorbos de café calentito, si hasta parecía sentirlo bajar por el guerguero y llegar tibiecito a las tripas peladas y heladas, luego, fumarme un cigarrillo lentamente y  recostarse en una blanda cama …y dormir y dormir por muchas horas. 
                          

                             Sin embargo por más que intentaba no lograba llegar a ningún destino, las ultimas casas que había logrado ver entre la densa cortina de agua, las había dejado atrás hace muchísimo rato. La oscuridad era total y absoluta. Sólo escuchaba el ruido del agua caer sobre su propia cara, sobre todo su cuerpo en forma casi despiadada, repentinamente un ruido ensordecedor rompe la oscura noche y un relámpago gigante ilumina la carretera, ve a lo lejos el brillo de un vehículo detenido.

-Por fin - se dice y acelera el paso para llegar ahí, donde tal vez se encuentre alguien que le permitirá guarecerse  de este intenso temporal aunque sea por un par de horas.
- Ojalá tengan un espacio para mí – dice en voz alta- un buen cristiano siempre apoya a otro en desgracia – se repite
                            Medio a tentones, chapoteando en el agua y tratando de ver por entre las pestañas y su cara mojada logra llegar al vehículo,  él que solo ve a momentos cuando lo ilumina algún rayo ,golpea suavemente pero no se escucha rumor alguno, nadie responde a los golpes . El hombre decide llamar
       - Hola ¿hay alguien adentro ?- Nada no hay respuesta alguna.
                             El frío ya le tiene entumecidos los hombros y el cuello, por lo tanto decide probar abriendo una de las puertas, tira de la manija y con tanta suerte que esta se abre de inmediato, siente el aire tibiecito del vehículo en el interior y un aroma a hierba fragante como jardín florido.
      - Alooo perdón pero debo entrar, no molestare solo quiero que amaine un poco el temporal – dice en voz alta por si hubiera alguien en el interior.
       Se da cuenta que el vehículo está solitario, seguro alguien tuvo la misma mala suerte de el quedando en pana y debiendo dejarlo abandonado pero de inmediato una voz suave y lenta le responde.

- Acomódese nomás amigo, aquí cabemos los dos
- ¿Y usted se quedó también en panna?– pregunta el hombre aterido de frio
- Sí, mi compañero salió en busca de ayuda pero no logro regresar a tiempo- le responde la voz desde la oscuridad ,que luego de una pausa agrega- pero tranquilo es buena persona el hombre y no le molestara su presencia si vuelve.
                     
                   Como puede se saca la mojada parka, que felizmente es tan gruesa que no alcanzó a mojar su espalda ni sus brazos totalmente, la deja sobre el respaldo del asiento del acompañante y nota en la oscuridad, que sobre él se encuentra algo así como una gruesa frazada o un chal quizás, lo toma y se cubre con él, se saca los zapatos mojados y se acurruca en el asiento de la mejor forma posible.

                     Afuera el temporal está en su máximo apogeo, el viento azota el vehículo con fuerza, llegando incluso a instantes que el siente que se mueve violentamente. Atrás con el movimiento del viento la carga que lleva el vehículo parece correrse de punta a punta, siente el movimiento de algo pesado.

- Chuatas – se dice – Ojalá que no me salgan después con que se perdió algo aquí-

En eso el viento embravecido parece atacar con mayor ímpetu, el hombre se alegra en parte de estar algo protegido, preocupado eso si de lo que deberá decirle al conductor del vehículo, si por alguna razón lo sorprende antes que acabe la tormenta. A lo lejos la luz potente de un rayo enrojecido lo distrae por momentos.
Su compañero es de pocas palabras, pero igual le entabla una pequeña conversación.
-Mire mi amigo estire su mano y tantee la guantera ahí hay una pequeña petaquita que, lleva mi compadre pa estos viajes largos, tómese un par de sorbos no vaiga a ser que se resfríe.
-¿Y no se enojará el caballero? -Pregunta el hombre algo temeroso.
-Que va a enojarse si es re buena persona, dele nomás- responde la voz desde el asiento de atrás.
-¿Y usted es de por aquí? -pregunta por decir algo
-Si un poco más allá, ando un poco enfermo , por eso preferí no acompañarlo , pero ya me estoy recuperando - responde la voz.
-Yo voy camino a la ciudad por razones de trabajo y usted como se llama señor.
-Manuel de Jesús Muñoz Salgado pues pa servirle.
-Güeno ¿y aquí esta hace hartas horas usted? con tanto tronar y tantísima agua.
-No tranquilo si ya estoy descansando de mi problema , me caí del caballo hace dos días y pare que me anduve rompiendo un par de costillas por eso no pueo moverme  mucho.
-Anda la cosa amigo , la saco baratita eso si.
-Si toy bien cómodo-

 El hombre pensaba, en lo dolorosa de la lesión del pobre huaso, y más encima con el frio no debía de ser na de bueno. En eso está pensando, cierra los ojos agotado y se queda dormido. El sonido del agua y las ráfagas de brioso viento, le adormecen. Un golpe violento en el costado del vehículo lo despierta, aun se tambalea cuando siente una gran ráfaga de viento y agua que le abre violentamente la puerta, como puede se estira y la toca en la oscuridad, la cierra y nota que algo, como un bulto grande cayó en la parte del asiento trasero, y que con cada movimiento parece moverse de aquí para allá, provocando un golpe algo monótono.  Vuelve a dormirse y entre su sueño escucha el golpeteo incesante en la parte de atrás.
Ya pasadas las horas la fuerza del temporal comienza a perder algo de fuerza, aunque el viento y la lluvia no parecen querer detenerse, la poca visibilidad comienza a abrirse paso entre la oscuridad.

-Debe estar amaneciendo – dice el hombre- apenas aclare un poco creo que debo partir, no sea que llegue el amigo de este caballero y le moleste mi presencia- se dice aun con los ojos cerrados.

      Su compañero aun no despierta, se durmió antes que él, pero los vidrios empañado del vehículo, le dicen que hay algo de tibieza adentro. Vuelve a cerrar los ojos y se queda traspuesto unos momentos, lo suficientes para que se haga algo de luz dentro del automóvil. No se ve mucho pero él decide emprender su camino ya más seco y descansado.
-Amigazo es hora de que yo parta – dice

Nadie le responde, “está dormido" dice  “mejor me voy sin ruido” y parte camino del primer pueblo que encuentre.
Antes de partir piensa en arropar al buen hombre, pero decide irse ya que no siente movimiento alguno “pobre cristiano medio suelazo” se dice.
Sale aun llueve con algo menos de intensidad, pero el viento de repente parece que lo fuera a volar. De repente ve unos focos a lo lejos en medio de la lluvia, una camioneta avanza apenas por el lodazal dando tumbos.
          -Pa onde marcha el amigo – dice una voz desde adentro.
          -Camino al primer pueblo, quede en panna ayer en la tarde y he caminado muchazo dice.
-Y aonde paso la noche amigazo – dice el conductor del vehículo.
           - Por aquí cerca- responde no queriendo decir que estuvo de intruso en un auto, algo mas allá.
           - Bueno si gusta yo voy en busca de algo, por aquí cerca nomás, lo llevo-
           -Bueno estaría pues- dice pensando en que ni siquiera sabe dónde queda el pueblo.
 -Se acomoda lo mejor que puede, en el tibio vehículo
            -Está buena esta camionetita – dice
           -Si normalmente no la saco con este tiempo, quero que me dure hartos años más – responde el conductor- pero usted sabe a veces salen imprevistos como ahora-
- Ah y usted hace algún trabajito con ella-
- Si tengo un pequeño negocito y ahí le doy uso a veces-
- Cómo es eso, o sea no siempre la usa-
- A veces responde el hombre – luego agrega - por aquí con caminos malos mejor la más vieja es más firme-
El hombre queda en silencio por algunos momentos y luego pregunta:
- Y dígame ¿vamos muy lejos ?
- No si ya llegamos esta peguita hay que hacerla hoy ya no queda más tiempo, además hay gente que me espera
- Y¿en que trabaja usted mi amigo?
- Naa yo soy funerario y sepulturero amigo mío, el único en estos lugares. Anoche venia trasladando un finaito y me maldije en un hoyo mal parao, rompí el eje de la camioneta, así es que partí en busca de esta nomás.
- Bueno y el finao ¿que pasó con él?
- Que iba a pasar púes ahí se quedó nomás,  total no iba a ir pa ningún lugar, si estaba bien muertito
El hombre guardó silencio mientras el funerario hablaba y hablaba de su pega, de esos lugares algo tenebrosos y de todo cuanto se le ocurría, sin preocuparse de que su compañero respondiera.
De repente interrumpe la conversación .
- Meh ahí esta nomás pues – grita alborotado
- Ah qué buena dice el hombre –pensando en que por fin llega el final de su aventura y, divisando a lo lejos una camioneta tipo stagion, de esas típicas funerarias
- Mire y está tal  como la deje vamos ver- dice riendo- si el Mañungo no se ha ido
- Le ayudo amigo
-Si voy a necesitare una manito socio, pero quédese aquí no más yo le aviso
El hombre se acomoda en el tibio vehículo, mirando atentamente el trabajo del funerario, de repente piensa “y donde estaba esta carroza que yo no la vi  cuando pasé”. “Bueno era tanta el agua que seguramente del cielo bajaron para guarecerla por ahí”  se dijo  a sí mismo. En eso está pensando cuando escucha la voz que le grita:
- Hey amigo “venga a echarme una manito” grita bajo el ruido del agua el sepulturero, ensopado hasta los huesos
          - Ya dígame en que le sirvo
- Agarre de la cola  el cajón, está harto pesao, era grandazo este hombre
Trasladan el féretro a la camioneta, y unas cuantas canastillas de flores y el funerario saca algunas cosas del vehículo, mientras él vuelve a acomodarse dentro.  Lo ve como abre la guantera y saca desde dentro una pequeña petaca que algo le recuerda.
Se sube sobándose las manos, abre la petaca y se la ofrece .
- Tómese un buen trago amigo, esto le aliviará del remojón, mientras llegamos al pueblo y sepultamos a este finao de una buena vez .
- Ya poh, haber si consigo ayuda pa mi vehículo también – dice mandándose un buen trago, que corre calentito guerguero abajo y siente como sus tripas se calientan rapidito.
-Yyyy ahí lo llevo después porque tamien soy taxista- dice el sepulturero con una buena carcajada.
Algo pensativo y por decir algo el hombre pregunta:
-Y dígame amigo que fue lo que le pasó a este finaito
-Chuuuu este finaito murió re mal amigo, se cayó del pingo que montaba- responde
- ¿Verdá?- dijo preocupado ¿y cómo se llamaba ?
- Manuel de Jesús Muñoz Salgado
Un zapatazo de terror le sacudió su helado corazón, un sudor frio le corrió por la espalda y noto que ya no había aire pa respirar , mientras abría tamaño de grande sus ojos , el hombre sin entender bien como pero se dio cuenta que  ….de que había pasado la noche con el finao…

(c) Dolores González Opazo
Santiago de Chile 

Dolores González Opazo es chilena, nacida en Villa Alegre pintoresco pueblo de la séptima región, lugar donde conviven estrechamente viñedos y naranjos. Tierra linda, que impregnó en ella el amor por el campo y sus costumbres. Su gusto por la escritura es desde siempre y escribe sobre las costumbres , tradiciones , cuentos y leyendas de su tierra. En el año 2015 Revista Archivos del sur publicó su cuento " Chicha de manzana " y en el mismo año ganó el concurso "Líneas de vida " con el cuento " Natalia historia de una desconocida ". En el año 2016 Revista Archivos del sur publicó el cuento " El velorio del angelito". Trabaja como bibliotecaria, además de hacer lo que más le gusta escribir. Entre libros se siente a gusto y goza con cada letra que llega a sus manos. Casada con 2 hijos y una nieta a quienes ha inculcado el amor por su tierra, las letras, el cuento y la poesía. Radica actualmente en Santiago de Chile. 










viernes, 11 de agosto de 2017

El baño del diablo - José Respaldiza Rojas

                
  - ¿Dónde está tu hermano?
  - Viene atrás.
  - Se está demorando mucho – dijo la madre.
  - Ya viene mamá, no te pongas así.
  - Tú sabes que el diablo viene por aquí.
  - Sí mamá, pero sólo viene a bañarse.
 - Nada señor, el diablo es muy peligroso.
 - Ay mamá.
 - Cuando te veas frente a él solo Dios te podrá salvar.
 - Eso no lo dudo.
Son madre e hijo en Cuispes, un pueblo de Bongará, del Departamento de Amazonas. Pueblo pequeño dedicado a la agricultura como el cultivo plátano, piña, café. Pueblo ajeno a la modernidad sin escuela o tiendas comerciales, pero lleno de leyendas donde el misterio está presente a cada instante.
     - ¿Qué tienes hijo, estás muy pálido?
     -  Mamá, espera a que me calme.
     -   Dime qué te pasó.
     -   A mí, nada, es por lo que vi.
-  Y qué viste, cuenta rápido hijo.
- Traía una cabeza de plátanos en la cabeza, por eso no me distinguieron.
- ¿Quién no te distinguió? Por Dios hijo, cuenta rápido.
- Los que peleaban -  dijo mientras respiraba con dificultad.
- Me estás desesperando ¿Quiénes peleaban?
- El diablo luchaba contra un oso de anteojos, se disputaban un armadillo peludo
- El diablo ¿para qué quería un armadillo?
 - Mamá, yo no soy diablo, no puedo saberlo.
 -¿Y qué pasó?
 - Como yo estaba temblando se me cayó la cabeza de plátanos y con ese ruido el diablo salió disparado para un lado y el oso de anteojos para el otro.
También tiene atractivos turísticos como la catarata de Yumbilla, con una caída de 895 metros, que la convierte en una de las cinco más altas del mundo, o las cataratas de Goeta, Chimata y Pabellón. Igualmente están los sarcófagos de Karajía pertenecientes a la cultura Chachapoyas.
-  Mamá, me voy a bañar.
- ¿Tan temprano?
- Es que tengo un calorazo.
- ¿En dónde te bañarás?
 - A la otra catarata.
 - ¿Y si el diablo se equivoca?
 - Cómo me va a equivocar pues mamá.
 - En lugar de ir a la catarata de Yumbilla, se dirige a donde tú estás.
 - Es que yo me baño al lado de un matorral, además tengo una cruz pendiendo de          mi  cuello.
 - Ve con Dios, hijo y cuídate.  

  - ¿Tan pronto volviste?
  - Te vas a reír mamá, vi al diablo maldiciendo y además no tiene calzoncillos.
  - ¿Qué cosa?
  - Sí, renegaba porque ya se estaba bañando otro diablo.
  - ¿Y eso del calzoncillo?
  - Ja, ja, ja, ja, le vi el poto al diablo y se tiró un pedo azul, ja, ja, ja.
  - No juegues con el diablo, es malvado de a de veras.
Hay una roca que contiene la figura de una pata de gallina y junto a otra con pata de caballo, según se sabe es el timbre que usan los diablos para entrar a bañarse.
      - Mamá escuché el timbre del diablo, tres veces ¿puedo ir a ver?
     - ¿Qué vas a ver?
     -  Para qué se juntan tantos diablos
     -Acaso estás olvidando que la curiosidad mató al gato.
     -Ya pues mamá.
    - Bueno, pero regresa pronto.
    -Voy y vuelvo


   - Mamá, no vas a creer lo que escuché.
   - Cuenta hijo, cuenta,
   - Estaban Satanás, Lucifer y Carrampenpe y se peleaban por el amor de Lilit.
   - ¿Quién es Lilit?
   -La primera esposa de Adán.
   - ¿Qué cosa, blasfemo?
   - Solo repito lo que escuché, mamá
   - ¿Adán por qué se peleó con ella?
   Ella lo abandonó, no se sometía a sus mandados y se fue a vivir con los diablos.
   - ¿lo abandonó?
   - Sí, es que no estaban casados.
   - ¿Y qué decidieron
   Hacer un rol de turnos, qué día le tocaba a cada uno.

   - Jesús mío Jesucristo, con razón los diablos son el engendro del mal.
   - Sí, pues mamá.
   - Nada señor, persígnate y ahora santíguate.

¿   ¿Desea ver gallitos de las rocas? ¿O tal vez colibrís cola de espátula? Decídase visitar Cuispes, pero eso sí con una cruz colgando del pecho y un rosario a la mano, pues nunca se sabe qué puede hacer el diablo.
(c) José Respaldiza Rojas
Lima
Perú 
José Respaldiza Rojas (Lima,1940) Decano de la Facultad de Pedagogía de la Universidad Nacional de Educación (1991) catedrático principal, periodista, se ha especializado en literatura infantil. Es Magister en Ciencia de la Educación. Ha publicado La Maestra, Adivinanza, Las Fabulosas fábulas, Fabulario, Imayllanqui jitanllanqui mil adivinanzas quechuas, Las jitanjáforas en el mundo infantil. El Tangrama, Calcular con fantasía y otros más. Es miembro de APLIJ, CEDELIJ
Ganó el Premio Nacional de Promoción a la Lectura, en el nivel universitario. En 1997 la Biblioteca Nacional del Perú lo galardonó por su creatividad.

domingo, 16 de julio de 2017

El dólar agujereado - José Respaldiza Rojas

                               


El reloj marca las nueve y media de la noche, estás jugando billar en Chosica, no eres diestro, pero lo haces cada día para pasar el tiempo. Para que sea más interesante, cada tendida es a sol,  no es mucho y aun así genera expectativa.

Lucho, ya son las diez.
Una jugada más y nos vamos.

Regresas a tu casa, en la residencia de profesores, en la Cantuta para sentarte en un sillón de la sala, es que te es difícil conciliar el sueño, aunque esta vez es justificado, tanto esfuerzo por conseguir dinero y te llega así, de sopetón, como si fuera un huayco, es que de la noche a la mañana ser multimillonario es una carga muy pesada, no saber qué hacer con tremenda fortuna. Mil preguntas se van acumulando en tu cabeza ¿En qué banco depositarlo? ¿Nacional o extranjero? ¿Qué hacer para que no te roben? ¿Vale la pena comprarse una mansión con piscina temperada, ascensor y puertas automáticas?
Pero permítanme presentarlo, su estatura es igual al común de los peruanos, su peso, cuando está a dieta es mucho menor que cuando da rienda suelta a su adicción gastronómica, sí, porque es de buen diente, bebe con moderación. De pelo negro y piel blanca, típico cholo shilico (Celendín, Cajamarca) No se le conoce barba ni bigote, ni falta que le hace. Cuerpo como la tripa de un paté, vale decir, carente de cintura. Viste siempre con terno por eso no puede ir a la playa. De profesión abogado aunque posee gran habilidad en desfacer entuertos.
Todo eso queda atrás cuando le llega una misiva de su hermano residente en USA, casado en segundas nupcias con una dama norteamericana que habla un poco el español, la misiva le indica que llega a Lima, en un vuelo chat 314 de Air Lines, el 3 de febrero, estaría por unos veinte días.
De inmediato pides un adelanto de tus vacaciones y parten hacia Cajamarca, tú con Vicky, tu señora, él con la suya.

Qué agradable es volver a oler el vaho húmedo de la tierra luego de la lluvia.
Mi oler a caca de vaca -  dice la gringa.

Como para relajarse fueron a los Baños del Inca con sus pozas de agua caliente, como un tente en pie, recalaron en el mercado para tomar una sopa verde y ya a medio día degustaron unos deliciosos cuyes chactados.

Mi parecer ratas sin cola, pero carrajo muy rica – dijo la gringa.

Como era febrero, mes del tradicional Carnaval Cajamarquino, se integraron a una pandilla, con serpentinas enrolladas en el cuello, el rostro con talco y el pelo con poca pica, avanzaban por las calles,  tú luces un ligero renguear, producto de un accidente automovilístico, empero la alegría y el jolgorio contagiaban el ambiente.

Yo me he casado contigo,
por no dormir en el suelo,
y ahora me salen diciendo
que la cama es de tu abuelo.

Ja, ja, ja, para la gringa todo era novedad, para él era volver al pasado, a la tierra donde nació, a donde corrió de niño, a gozar cuando un quende revoloteaba en el aire.

Amiguito Lucifer
un regalo te voy hacer
anda llévate a mi suegra
pa´ que sea tu mujer.

Como todo lo que comienza, termina, se embarcaron rumbo a Lima mordisqueando cada uno, una deliciosa cachanga.
Al llegar empezaron por  arreglar sus maletas, los huéspedes partían hacia USA a las nueve de la noche, su almuerzo fue muy frugal, conversaron todo el tiempo que pudieron, recordaron muchísimas anécdotas, preguntaban por tal o cual. De pronto ven el reloj, pues hay que estar una hora antes y deciden partir hacia el aeropuerto Jorge Chávez y en efecto, el vuelo se había adelantado. Gran despedida, abrazos, lágrimas y al momento de internarse, el hermano saca un dólar y se lo da a Lucho, éste hace un ligero mohín antes de guardarlo en su monedero y piensa para sí Carajo tantas atenciones y este tacaño maldiciau me da un dólar, que al cambio son treinta soles, pero por ser viejo no eso te dan, su esposa que vio la escena le dice:

No hagas hígado Lucho, te puede hacer daño – te dice Vicky.

Dicho y hecho, Lucho amaneció mal, fue llevado a la Posta Médica de Chosica donde determinaron que había sufrido un derrame biliar, producto de una tremenda cólera, le inyectaron un calmante, le pusieron una sonda directamente a la vena con cien mililitros de suero y le dieron cuatro días de descanso.
El dólar de marras fue a parar a una caja de zapatos vacía, junto con otras monedas extranjeras, que luego fue puesta debajo de la cama.
Pasa el tiempo y ya nadie se acuerda del bendito dólar.
Lucho concurre, dos veces por semana al bar Palermo, que dirigen los hermanos Tamashiro, situado en La Colmena, al lado de la librería El Caballo Rojo, muy cercano a la Universidad de San Marcos. En uno de esos días concurre un amigo con un catálogo de monedas norteamericanas, por simple curiosidad, Lucho se acerca para fisgonear y se da con una publicación seria, que tiene el visto bueno de la Sociedad Numismática de USA, y de pronto, como buen shilico, se te viene una idea a la cabeza, pides permiso para telefonear y te comunicas con tu casa:

Vicky, por favor, busca debajo de mi cama una caja de zapatos y saca el dólar que puse, mira de qué año es, te vuelvo a llamar.

Ella va al dormitorio, mete su mano debajo de la cama, jala la caja de zapatos, saca el dólar y ve la fecha, por si su memoria le traicionara, apunta dicha fecha ven un papelito: 1814. Al rato vuelve a sonar el teléfono.

Vicky ¿viste la fecha?
Sí, es 1814.
¿Estás segura?
Claro, porsiacaso la apunté en un papelito.
Gracias, no vemos en la noche.

Con ese dato fuiste donde tú amigo para preguntarle:

Por favor ¿puedes ver el dólar de 1814?
Claro, espera voy a pasar las páginas, a ver, a ver, sí aquí está, hay un dólar de 1815 en todo el mundo y está cotizado en cinco mil millones de dólares.
¿Y el de 1814?- insististe en preguntar.
Ni está, pero sí el de 1815 vale cinco mil millones, el de 1814 puede valer mucho más.
¿Por qué preguntas?
Simplemente por curiosidad.

Con dicha información, pagaste la taza de café que consumiste, saliste rengueando ligero, vas a la playa de estacionamiento, sacas tu auto y partes a la UNE, abres la puerta y Vicky te dice:

¿Qué milagro llegas temprano?

Este, es que – le contestas mientras le das un beso – busco un dato.
Vas al cuarto de tu hija, sacas una lupa y con ella en la mano entras a tu cuarto, a tientas jalas la caja de zapatos, tomas el dólar, miras a través de la lupa y efectivamente es 1814, instante en que rompes a llorar, mientras balbuceas:

Hermano perdóname, te insulté con el pensamiento, mientras tú me hacías multimillonario, hermano pídeme lo que quieras, yo te lo daré, pero perdóname.

Llevabas como veinte minutos llora que te llora, hasta que tocaron tu puerta:

¿Lucho ¿estás bien?
Era Vicky preocupada quien tocaba la puerta, sacaste del bolsillo trasero de tu pantalón, un pañuelo blanco para secarte las lágrimas, limpiarte los mocos y abres la puerta para que entre Vicky, apenas ella ingresa, le ordenas que se arrodille, ella se aturde, no sabe qué hacer, él insiste:

¡Arrodíllate y jura por tu santa madre que lo que te voy a decir no se lo dirás a nadie!

Vicky obedece y jura sin saber porque, como se dice, está completamente en la luna, él duda, pero no le queda más remedio que confesarle lo que acaba de descubrir, de ahora en adelante te podrás comprar todas las carteras que desees, hasta las más caras, somos multimillonarios.
Ella, entre asombrada e incrédula, ve pasar por su cabeza ¿Qué le pasa a éste? ¿Robó un banco?  ¿Se sacó la lotería? ¿Está afiebrado?
Mientras Lucho le explica lo del dólar, se quita el pantalón y le pide que le haga un bolsillo falso en el interior. Se pone de pie, busca algo, revolotea todo hasta encontrar una latita de pasta de zapatos vacía. Mete el dólar en una bolsita de plástico y luego introduce todo en la latita de betún
Al día siguiente fue al segundo piso de la Biblioteca de la universidad donde funciona el local de fotografía a cargo de Miguel Egúsquiza. Lucho ingresa y le pide que cierre la puerta con llave, un pedido algo raro, pero lo cumple, al voltear ve, con asombro, que Lucho está bajándose los pantalones, una duda pasa por su cabeza, pero sabía que Lucho era bien macho, además casado y con hijos, pero uno nunca sabe, ya está por abrir la puerta y salir corriendo, cuando Lucho saca una lata de betún y le dice:

Te regalaré cien mil soles si nada de lo que verás luego, permanece en secreto.
Como tú digas Lucho, pero ¿de qué se trata?
Espera y verás – le dice mientras abre la lata de betún – quiero que le saques una fotografía a este dólar.

Miguel Egúsquiza toma el dólar y lo fotografía, luego entra a un cuarto oscuro y Lucho se precipita para ingresar con él, revela el negativo, lo procesa y le da la foto en positivo, Lucho le pide también el negativo, se baja el pantalón y todo lo mete en el falso bolsillo.
Mientras tanto Vicky no se aguanta y llama por teléfono a su mejor amiga para contarle que ocurrió un milagro, que se acabaron todas sus penurias y mientras hablaba trataba de no romper el juramento que le hizo a su esposo, pero de qué se trata mujer, es que un señor descubrió un dólar rarísimo es todo lo puedo decir, estoy impedida, habla nomás que soy una tumba, no amiga sería mi desgracia. No bien cuelga en fono cuando la amiga llama a otra amiga y ésta a su vez a otra amiga. En menos de una hora se formó una cadena y como queda flotando la intriga todas quedan para ir a casa de Vicky el próximo jueves.
Lucho regresa, espera que empiece por aparecer la noche, va a un rincón del  jardín de su casa, cava un hueco profundo y mete allí la latita de betún envuelta en cinco bolsas plásticas y lo rellena con tierra, le pone una cruz con el nombre de su anterior perrito. Su dólar está en un sitio seguro, que banco ni que ocho cuartos, además el banco te cobra y cobra caro.
El jueves ocurren dos hechos paralelos: Lucho parte hacia Lima y las amigas de Vicky parten para su casa, allí está su amiga íntima, dos amigas del colegio, varias amigas del trabajo y algunas amigas circunstanciales. Como Vicky no suelta prenda, se les ocurre iniciar un juego que practicaron en el colegio, cada una hace una pregunta:

Ese milagro  lo hizo un santo.
No – responde.
Lo hizo tu esposo.
Como que sí.
Ese milagro tiene forma redonda.
– dice ella lamentando haber abierto la boca.
¿Es una moneda?
Sí.
¿Son muchas monedas?
No
Y poco a poco van llegando el final, a descubrir que el esposo de su amiga tiene un dólar antiguo, que ahora son los nuevos ricos del Perú.

Amigas les daré cien mil soles a cada una si mantienen el secreto.

Qué roñosa eres, tienes millones y nos das una minucia – dijo una de ellas.
No hables así, ella nos lo da de todo corazón. 
Propongo que nos convirtamos en una junta secreta, la que rompa el silencio la sacamos de la junta.
Terminan de beber el té de canela que les ofreció y se retiran pues ya son las cinco y media, ya va a comenzar la hora de las telenovelas.

Mientras tanto Lucho, en Lima, trata de ubicar a su amigo, el dueño del catálogo de numismática, desea pedirle ayuda para saber cómo vender ese famoso dólar, la indican que está por llegar, en eso entran unas gitanas, miran a todos y se desprende una de ellas, se dirige a donde Lucho, parecen que huelen la plata. Con un gesto de su dedo le indica que no desea saber su futuro, claro si él tenía el futuro asegurado, su problema era cómo convertir el futuro en presente, por eso esperaba a su amigo, que precisamente hace su ingreso, Lucho aprovecha para acercarse, lo saluda y le invita a tomar una cerveza helada. Se sientan casi al fondo tratando de evitar ser oídos.

¡Salud! – le dice Lucho.
Y que en salud se te convierta, ¿para que soy bueno?
¿Puedes explicarme cómo se vende una moneda antigua?
En Quilca hay vendedores/compradores ambulantes, ellos te indican cuánto puede costar la moneda.
Pero, ¿si es muy antigua?
¿Qué tan antigua? – pregunta pues le entró curiosidad.
Digamos, de 1800.
¿Tú tienes alguna de esa fecha? – ahora su curiosidad se torna en investigación.
Mira – le dice Lucho mientras le enseña la foto.
¡Madre mía! Esa sí que es antigua.
Deseo venderla.
El único que puede ayúdate en esa operación es Moll, él tiene la colección más completa de monedas peruanas y quizá pueda saber cómo ofrecer esa moneda en el extranjero.
¿Podemos in donde él?
Hay que llamar por teléfono y pedir una cita ¿en qué banco la tienes depositada?
En ninguno y la tengo a buen recaudo. Mira, encárgate de hacer esa cita y te ofrezco el 5 % de lo que se consiga.
Gracias Lucho, yo te llamaré.
Al día siguiente Vicky va al mercado de Chosica y ve en uno de los kioscos de periódicos una noticia que la deja helada: La Cancillería del  Perú pidió a nuestro Embajador que reclame a los Estados Unidos la devolución de bienes nacionales que están en ese país y si se niegan tampoco le devolveremos una moneda norteamericana muy antigua que está en nuestro país. En el interior se informa que aún no se conoce quién la tiene ni dónde está.
Sin ir al mercado y con sólo adquirir dicho diario Vicky regresó a casa y le mostró el periódico a su esposo. Apenas lo vio se sobresaltó y gritó:
¿Quién reveló el secreto carajo? – y luego, casi al borde de las lágrimas – Me quieren despojar mi dinero, pero yo me amparo en la autonomía universitaria. 
Y salió rumbo al rectorado, para pedir una Asamblea Universitaria, con carácter de urgente y con la presencia de los trabajadores. Por más que el rector le pidió la razón que sustentaba tal pedido, Lucho no soltó prenda y antes bien dejó flotando una interrogante: Señor rector le puedo asegurar que estoy en capacidad de triplicar el Presupuesto de la Universidad.
El Rector da inicio a la Asamblea y le da la palabra a Lucho:
Señores asambleístas ha querido el destino que sea parte de ésta Universidad que siempre luchó por sus derechos, porque reivindicó lo que le corresponde, a veces conculcados, pero jamás despojados. En homenaje a quienes nos antecedieron en esa épica decisión, debo manifestarles que, por ejemplo, puedo dar el dinero necesario para remodelar el Auditorio de Educación, esto es sólo por poner un ejemplo, ya que estoy en capacidad sufragar todos los gastos que consideren indispensables. Lo único que pido es acogerme a la autonomía universitaria ya que mi hacienda peligra.
Inmediatamente el rector pide un voto de aplausos para el doctor Lucho, éste interviene indicando que no es doctor, entonces el rector acota:
Levanten la mano quienes están a favor de otorgar un doctorado honoris causa a Lucho, quienes están en contra, aprobado por unanimidad.
Un atronador aplauso se escuchó por varios minutos. En un intermedio varios docentes lo abordaron y fueron testigos de lo que él les narró.  Casi por arte de magia aparecieron los homenajes, el profesor Carlos Cabrera dio un almuerzo, todo pagado con su peculio, otro colega organiza un lonche y en eso una llamada telefónica indicando que llegó Moll. Hay que organizar ese encuentro, asistirá el amigo encargado de contactar con el numismático, el Rector de la UNE, un notario, un general amigo, llegan en un patrullero a la casa del mayor coleccionista de monedas del Perú, los hace pasar, los lleva a un lugar donde tiene una lupa electrónica, Lucho le enseña la fotografía, pero le indica que se debe inspeccionar la moneda en mención, no le queda otra que entregarla, la pone bajo la lupa electrónica, enciende la luz, inspecciona minuciosamente cada espacio, luego, con gran delicadeza la da la vuelta. Todos esperan con ansias su palabra. Luego de un rato llama a Lucho y le indica que mire mientras le dice:
Ve usted ese huequito diminuto, bueno, así como en las estampillas basta con que esté roto uno de sus dientes para que pierda su valor, lo mismo en las monedas, un huequito, un chancado hace que pierda todo su valor, lo siento por usted.
Y en menos de quince minutos se hicieron humo los millones de dólares.

(c) José Respaldiza Rojas
Lima
Perú

José Respaldiza Rojas (Lima,1940) Decano de la Facultad de Pedagogía de la Universidad Nacional de Educación (1991) catedrático principal, periodista, se ha especializado en literatura infantil. Es Magister en Ciencia de la Educación. Ha publicado La Maestra, Adivinanza, Las Fabulosas fábulas, Fabulario, Imayllanqui jitanllanqui mil adivinanzas quechuas, Las jitanjáforas en el mundo infantil. El Tangrama, Calcular con fantasía y otros más. Es miembro de APLIJ, CEDELIJ
Ganó el Premio Nacional de Promoción a la Lectura, en el nivel universitario. En 1997 la Biblioteca Nacional del Perú lo galardonó por su creatividad.